Hace unos seis años abrieron un burdel enfrente del edificio donde vive mi amigo Károly. Aunque se trata de un barrio popular de Budapest, a los vecinos no les cayó nada bien. Por otra parte, la ley establece que no se pueden establecer lugares de vicio a menos de 200 metros de una escuela, y ahí cerca había una. El caso es que hubo protestas y presión para que las autoridades cerraran el local. Y tal vez lo hubieran hecho, pero quienes se encargaban del trámite empezaron a recibir llamadas anónimas amenazándolos de muerte si no se olvidaban del asunto. Finalmente nadie dijo ya nada, y el local siguió funcionando. Al cabo del tiempo, los vecinos se fueron sintiendo más y más satisfechos. Porque resulta que el dueño o los dueños del burdel les pagaban a unos hombres enormes e intimidantes para que se hicieran cargo de la seguridad. Y estos hombres se hallaban generalmente en la puerta de la calle, echándole ojo a todo: que ningún malviviente —de los muchos que pululan por ahí— fuera a asaltar a los clientes o se robaran un coche. Así, esa parte del barrio, que tenía fama de peligroso, se convirtió en un lugar seguro donde se puede caminar con tranquilidad incluso en la madrugada.
Hoy en día los vecinos duermen tranquilos: el ángel de las mujeres malas cuida que sus hijas lleguen con bien a casa.
17 comentarios:
Agustín:
¿Ves? ¡Prejuicios, prejuicios!!
Ojalá en cada calle de mi Argentina hubiese un burdel con ángeles como los que contás, ¡nos libraríamos de cada peligro!
Beso grande (no hay mal que por bien no venga ¿no?)
Qué curioso que me tope con este post cuando llevo un par de días investigando sobre la trístemente célebre Zwi Migdal.......Como no podía ser de otro modo, en un puesto callejero, me topé con un libro (una novela) en la que el protagonista también tiene relación con la siniestra organización...
Un saludo.
jaja! pues sí, siempre hay un lado positivo... y qué del estímulo a la economía local :)
En eso no había pensado, pero seguramente hay algo. Creo que el barecito que está al lado vende más ahora. Y la tienda de cigarros.
Pues mira tú, en América del Sur esto es normal, sin embargo, en estas tierras frías (aquí tal vez condiciono al clima a lo inverosímil) parece más improbable. La causa: la austeridad??
Son cosas mías...
un saludo
Estos dias pusieron en la caja tonta un reportaje sobre estos pintorescos locales. La verdad es que hay que tener ganas o estar muy necesitado.
Menos mal que el burdel del que hablas aportó algo bueno a la zona.
Saludos.
Paola, Tarántula: Dos visiones distintas de lo que es Sudamérica. Una quiisiera que hubiera casos así, la otra dice que son lo normal. Interesante. Si pienso en México, diría que donde hay burdeles hay policías (de clientes, por supuesto, que no cuidando) y por lo tanto el peligro crece.
Makiavelo, Carlos: Gracias por sus comentarios.
Me recordó mucho a Juntacadáveres, es genial. Creo que pasaré seguido por aquí, saluts!
Cuando tenía pocos años mi padre fuè por una misió a Hungría justo en un momento bastante peligroso.
Recuerdo que la edificaciòn habìa quedado a la miseria y los edificios antigüos de una belleza esplendente ,estaban bastante deteriorados.
Cuando regresé hace seis años me quedè impresionada de lo bella que està la ciudad.
Como en realidad en ese entonses,a pesar de mi corta edad tuve que convivir una situaciòn tremenda todo me parecìa màs familiar.
Contrariamente a lo que pasa cuando uno conoce algo en la infancia ,que al verlo de nuevo parece más pequeño.Cuando regresé ya en mi madurez avanzada todo me pareciò mucho más grande.
Nada como Budapest.
Ana, ¿dónde vive usted ahora? ¿Cuándo fue ese momento peligroso al que se refiere? ¿Acaso durante la revolución del 56?
¡Patria de inquietos y eterno andar.!
Si estuve en ese país valeroso en su momento más culminante.
"Hungria el mundo entero te mira esperanzado
tu heroica resistencia nos abre el corazón
la libertad inmensa ya llega hasta tu lado
avanza a su reencuentro indòmita nación."
No te rias esta es la estrofa que me acuerdo de un versito que hice cuando tenía diez años.
El maestro lo tradujo al magyar y le creò rima.
Nunca más un suceso polìtico me conmoviò en mi vida.
Nunca más vi gente jóven tirando a objetivos muy superiores a ellos sin molestarse en que algo o alguien cubriera su persona.
Nunca más vi gente en la calle vagando a la intemperie cuidando su patria.
Un arzobispo argentino sugiriò la persona de mi padre para ser embajador argentino.
El gobierno provisional del Gral Aramburu lo nombró con la especial misiòn de abrir la embajada ante cualquier evento negativo del levantamiento.
Bien sabrás tù que la I,Católica tuvo mucho que ver en esa oportunidad.
Largo de contar todo lo que vi.Hasta un niño de catorce años que lo pusieron delante mìo en un ataud para poder pasar a Austria ya que tenìa una herida de mucha consideraciòn y estaba comprometido al máximo.
Esas eran sublevaciones y no la caída del muro que fuè un acuerdo.
Ana: Tu poema es sencillo, pero bonito, muy en el tono de los entusiasmos libertarios de esos años. Ciertamente, Hungría es un país que ha sufrido. Como casi todos, creo. Sólo los suizos llevan ochocientos años de vivir en paz.
Lo triste es que,por su lugar geográfico ha sufrido toda suerte de invasiones y atropellos.
Me gustaba su pueblo ,por sus reacciones definidas.
Allí se viò bien el acuerdo subyacente de conveniencia .Fué muy duro ,no tanto el hecho de que occidente no acudiò como el de disimularlo con el acontecimiento de Suez.
En cuanto a los Suizos ,mi padre decìa :algùn dìa se sabrá todo lo que esconde esta falsa paz.Creo que ahora todo el mundo lo sabe.Guardaron los tesoros sucios o limpios de todas las pseudo democracias o dictaduras existentes.
La historia húngara es compleja, Ana. No siempre han sido ellos los atropellados. Respecto a los suizos, si guardar tesoros sucios es el precio de la paz, yo estaría dispuesto a flexibilizar mi moral y dejar que todos los países guardaran tesoros sucios.
Hablando de burdeles ,cada dìa estoy más convencida que nuestra América del sur es un auténtico burdel.
Ana, que eso suena muy pesimista. Debería usted ver en lo que se ha convertido Budapest. Y Praga y muchas otras ciudades. Es el mundo el que anda así.
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