lunes, diciembre 15, 2008

Lapidaria

Sé, niña, como las piedras.
Míralas:

Ellas ruedan con el agua,
no les preocupa dónde van a detenerse.
Se mueven con la Tierra,
un milímetro cada dos mil años:
no tienen prisa.

Las piedras, niña, no se aferran a nada.
Abandonan solas su playa
y van a adornar una fuente,
un pasillo en un palacio,
la celda de un sabio que ha aprendido a oírlas.

Son humildes las piedras:
permanecen enterradas durante siglos
y un día salen y se quiebran sin más.
Tienen fe, una fe de piedra.
Por eso el Buen Maestro las hizo pan.

Tú no preguntes, niña.
Sé como las piedras nada más.

Un día, bajo la tierra,
yo te estaré esperando.

17 comentarios:

erika dijo...

Hola Agustín, tal vez no me recuerdes. Fui alumna tuya en la FFyL en el 2000. Tenía tu mail, pero parece que ya no es ése. En fin, simplemente te quiero decir que fuiste el mejor maestro que me tocó en la Facultad; nos enseñaste cosas muy interesantes que ningún otro maestro se hubiera tomado la molestia de enseñarnos, así como aprender a leer, a descubrir esas cosas ocultas, obscuras que están en el texto. Lo más importante es que me hiciste leer un libro que cambió gran parte de mi vida: Sobre héroes y tumbas. Y te quiero agradecer por eso.
Ojalá estés bien, siempre te recordaré con un muy especial aprecio.
Erika Rivadeneyra Solano.

Agustin dijo...

Erika: Claro que te recuerdo, yo también con aprecio. Escríbeme por favor: agustincadena@yahoo.com

Carlos Paredes Leví dijo...

Yo, cada vez que voy a un cementerio judío, dejo una piedrita sobre la lápida. Es una tradición. Siempre es mejor esto que emprenderla a pedradas...
Un saludo.

Agustin dijo...

Carlos: Ya había escuchado de esa tradición. Tiene un simbolismo muy bello, ciertamente.

Makiavelo dijo...

Me gustan las que se vuelven pan. Las que se tornan duras que recapaciten o se reencarnen.

Saludos y felices fiestas.

Agustin dijo...

Es verdad, Makiavelo. Aunque esas que se tornan duras bien podrían usarse como armas.

La Mano dijo...

Querido Agustín:
Qué hermoso y qué terrible. También es amoroso,con ese amor que le tenemos a los muertos. No sé. Creo que no intentaré explicarte mis sensaciones: sólo puedo decirte que me ha conmovido; y que me a hecho olvidar que pasé por aquí a darte las gracias por tu comentario a "Alma pequeña" y por haberme incluido entre tus blogs amigos. GRACIAS.

Agustin dijo...

Gracias a ti, querida Adriana. Salud para ti y para Rubi.

Osvaldo dijo...

Estimado Agustín: leer tus poemas es siempre reencontrase con la fe en las palabras, es como redescubrir la fuerza que en ellas habita, pero una fuerza humilde y generosa que nos acerca a los grandes motivos de la poesía. Es encontrar siempre caminos diferentes, otras llaves. Recuerdo con especial afecto Orgía de palomas como uno de los libros que me marcaron una ruta distinta para comprender tantas posibilidades y tantas maneras de diálogo con la palabra. Enhorabuena y un fuerte abrazo desde El Salvador.

Osvaldo.
parqueoparasombrillas.blogspot.com

Osvaldo dijo...

Estimado Agustín: leer tus poemas es siempre reencontrase con la fe en las palabras, es como redescubrir la fuerza que en ellas habita, pero una fuerza humilde y generosa que nos acerca a los grandes motivos de la poesía. Es encontrar siempre caminos diferentes, otras llaves. Recuerdo con especial afecto Orgía de palomas como uno de los libros que me marcaron una ruta distinta para comprender tantas posibilidades y tantas maneras de diálogo con la palabra. Enhorabuena y un fuerte abrazo desde El Salvador.

Osvaldo.
parqueoparasombrillas.blogspot.com

Osvaldo dijo...

Estimado Agustín: leer tus poemas es siempre reencontrase con la fe en las palabras, es como redescubrir la fuerza que en ellas habita, pero una fuerza humilde y generosa que nos acerca a los grandes motivos de la poesía. Es encontrar siempre caminos diferentes, otras llaves. Recuerdo con especial afecto Orgía de palomas como uno de los libros que me marcaron una ruta distinta para comprender tantas posibilidades y tantas maneras de diálogo con la palabra. Enhorabuena y un fuerte abrazo desde El Salvador.

Osvaldo.
parqueoparasombrillas.blogspot.com

Agustin dijo...

Osvaldo: Muchas gracias por tus palabras de ahora y por todas las que me has dedicado en tus comentarios desde hace mucho tiempo. Un abrazo desde aquí hsta la tierra de Farabundo Martí.

ana dijo...

Si ,como la piedra somos las mujeres en momentos de prueba ,para poder dar estabilidad a la relaciòn amorosa.

Agustin dijo...

Ana, eso suena bien, pero la verdad es que no siempre son las mujeres las que dan estabilidad a la relación. Y la otra verdad es que uno no siempre quiere estabilidad.

ana dijo...

En fin va en gusto.Hay caballeros que viven su vida totalmente desestabilizados.
Ahora las mujeres parece que tambièn.
Es una época bastante inestable.
Y don Agustín está adaptado a ella ,ya que viaja tanto tiene oportunidad de conocer muchas buenas mozas de distintas razas.

Paulette dijo...

Es un poema bello.Es estremecedor y sereno. Los antiguos ranqueles, indios indomables de las pampas, llamaban curá a las piedras y todos sus nombres terminaban en curá. Sus nombres eran así,piedra de agua, piedra verde. Calfucurá, Namuncurá.La lengua ranquel se perdió para siempre, salvo el nombre de las piedras, los colores, el agua.Y cuando viajas por la región accidentalmente serrana donde vivían en plena pampa, lo primero que llama la atención es la forma exquisita de las piedras.El último y eterno rastro ranquel,lo que ellos nombraron.

Agustin dijo...

Es una bella historia la que cuentas, Paula. Todas esas cosas de los lenguajes perdidos me fascinan y me angustian. Imagino que podríamos encontrar las claves del Universo en palabras llenas de belleza y poder que se han perdido, pero que en virtud de algún milagro, podrían ser encontradas. Esta posibilidad me da escalofríos.