viernes, abril 10, 2009

Gitanerías

Las vueltas de la vida me trajeron a Hungría, el segundo país con más gitanos en el mundo, después de Rumanía. Son un pueblo raro los gitanos, difícil de entender para muchas personas. Desde siempre se han resistido a dejarse asimilar culturalmente y hay que ver, por ejemplo, cuántas cosas hizo Ceausescu en Rumanía para integrarlos a fuerzas a la sociedad. Esta resistencia, por el solo hecho de ser resistencia, es una de las razones por las que mucha gente no los quiere. Yo veo en ella una virtud en esta época en que la globalización se está comiendo las identidades de los pueblos.

Pero además de la resistencia en sí, lo que irrita a sus vecinos son las formas en que ésta se manifiesta. A los gitanos no les gusta la estabilidad ni los hábitos regulares. En el pasado eran tribus errantes; ahora, aunque hayan cambiado el carromato por el apartamento en un multifamiliar, su carácter nómada encuentra la manera de expresarse. Cambian de casa, de empleo, de pareja, de horarios; se sienten a sus anchas viviendo de la economía informal. No perciben la relación trabajo-dinero como una inmutable relación de causa-efecto, como lo hacemos los no gitanos. Esperan que el dinero llegue por otros lados y claro, para la mentalidad blanca-cristana-utilitarista cualquier fuente de riqueza que no sea el trabajo es mal vista y quien la practica es un desadaptado. Pero no todo lo que hacen los gitanos es ilegal. Les gustan mucho los juegos de azar, por ejemplo. Pueden pasarse horas y gastarse mucho dinero en eso. Y a veces ganan y se lo gastan todo enseguida y en tonterías. No tienen ese culto del ahorro y la planeación a futuro que se arraigó en la sociedad occidental a partir del ascenso de la burguesía y el desplazamiento del súbdito por el ciudadano. También eso me gusta de ellos: se gastan el dinero en la vida, no la vida en el dinero.

Pero éstas son reflexiones a nivel muy general. Quiero contar una historia en particular.

Un mediodía de hace seis años, una gitana de unos treinta, sucia y vestida con ropa demasiado grande para su estatura, me detuvo en el camino a la Universidad para pedirme dinero. En esa época yo no hablaba nada de húngaro y le hice ver que no entendía qué intentaba decirme. Ella se puso a explicarme en una extraña mezcla de idiomas y lenguaje corporal que estaba embarazada y no tenía para comprar comida. Le di un billete de 200 florines (algo así como un dólar americano). No quedó muy satisfecha pero no le quedó más que conformarse. Después la encontré otras veces, siempre en la misma situación, con la única diferencia de que cada vez podíamos hablar un poco más. Así supe que se llamaba Ilona, vivía en un barrio en las afueras de la ciudad y —cada vez lo repetía— estaba embarazada. El hecho es que un año después seguía sin dar a luz y tampoco le crecía la barriga. Empecé a hacerle bromas sobre eso, aunque no dejé de darle el billete de 200 florines. Ella nada más se reía, como si no pudiera creer que yo no me tomara en serio su embarazo.

Un día se hizo de un hombre, un gitano alto, flaco y a quien no le gustaba eso de andarle pidiendo a la gente. Un par de veces lo vi regañando a Ilona porque ella lo hacía. En lugar de eso se pasaban el día caminando, recorriendo las calles, buscando algo todavía útil entre la basura. Luego empezaron a detener a los transeúntes para tratar de venderles unos perfumes supuestamente maravillosos. Cuando nos encontrábamos volvíamos a platicar, Ilona y yo. El hombre se quedaba a unos veinte metros esperando a que termináramos de hablar. Creo que ésa fue una buena época para ella. Se veía menos sucia y como más alegre y no parecía tener malos hábitos, aunque incluso en días calurosos seguía poniéndose esas chamarras enormes que disimulaban su embarazo de cuatro años ya. No sé a qué horas dormían, porque llegué a verlos vagabundeando un par de veces en que salí del bar de madrugada. Y no sé qué le pasó al hombre. Un día desapareció. Ahora Ilona anda con un grupo de borrachines. Se ha dedicado a beber y se ve mucho peor de lo que siempre llegó a verse. Ya ni siquiera me gusta encontrarla porque una vez se puso muy pesada exigiéndome dinero.

Me pregunto si la situación irá a cambiar cuando nazca su bebé.

29 comentarios:

Carolina dijo...

Buena historia para un cuento que, por supuesto, debería llamarse Ilona.

Rafael Merino Isunza dijo...

Yo creo que sí, los bebés siempre hacen la diferencia...

nano dijo...

.:.

a la verga de bueno!

un embarazo de cuatro años y todavía esperando!

grande, man!

.:.

Branwen (MS) dijo...

"Busca primero el reino de Dios y su justicia divina...y por añadidura lo demás se te dará". Ojalá yo tuviera la fe del tamaño de un grano de mostaza y pudiera tranquilizarme en cuestiones monetarias y saber que el río fluye. "Mirad las aves del cielo que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?" "Así que no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga; basta al día su afán". Me gustó mucho que escribieras sobre otras formas de vida distintas de la occidental. De todo se aprende algo. Y una voz resonó en mi interior. Y me acordé de cuando los sueños no terminaban con "pero no tengo dinero". Gracias. Gracias a la gitana por encontrarte y a ti por escribir este "relato" y por enseñarme algo hoy y.. por la vida tan llena de posibilidades.

Agustin dijo...

¿Tú crees, Carolina? No sé. Tal vez un día...

Agustin dijo...

¿Y si se tarda mucho en llegar, Rafael?

Agustin dijo...

Branwen: Gracias a ti por seguir en contacto. Me encanta escuchar tu voz a través de tus letras.

Regina dijo...

Ni hablar, mi amor... tengo algo de gitana... tal vez mucho, sin estar embarazada...

Rafael Merino Isunza dijo...

Si tarda mucho en llegar podemos deducir que: va a nacer un elefante o el bebé se pasmó por el desconsuelo de llegar a un lugar donde la única posibilidad que hay para él es seguir los pasos de su madre o que no nazca significa que la humanidad ya no tiene redención.

ana dijo...

Ilona ,que nombre tan romántico.!
Menos mal que el flaco no era celoso!.De esa forma en todas las instancias de su vida pudiste comunicarte con ella.
Quizás el pobre se agenciaba su sustento de la capacidad recolectora de Ilona merced a su eterna espera.
Me diò pena que ni el flaco fuè un elemento estable en su embarazosa vida.

Agustin dijo...

Regina: Yo sé que tienes algo de gitana. ¿Lo errante? ¿El agua?

Agustin dijo...

Rafael: El tono de la última opción que planteas es exquisitamente apocalíptico. Eso sí daría para una historia larga.

Agustin dijo...

Ana: Yo creo que efectivamente, el falco salía beneficiado con la capacidad recolectora de Ilona. En lo que no estoy muy de acuerdo es en que el nombre sea romántico. Conozco algunas Ilonas (las llaman por su diminutivo: Ilike) y ninguna tiene nada de romántico.

ana dijo...

No se ,me recuerda el nombre a las "divas del telèfono blanco"de la dècada del veinte.Habìa varias Ilonas.

Agustin dijo...

Ah, es que yo no supe de esas divas.

Cloud dijo...

Zas con los embarazos... aki estan de moda los de alto riesgo... pero parece que no es el caso... ¡Qué alivio!

Agustin dijo...

No. Yo creo que éste es bastante seguro.

Cristina dijo...

Me parece ya, un cuento. Me encanta la expectativa del nacimiento.
Yo vivo hace años amarrada a un árbol dentro de mi casa, sin embargo todos los días quisiera ser una gitana. Buena suerte.

Agustin dijo...

Gracias, Cristina. Buena suerte también para ti.

Makiavelo dijo...

Seguro Agustín que cando nazca el niño lo hará vestido de marinerito.
La verdad es que son muy peculiares y tienen una forma de ver y vivir la vida muy diferentes a nosotros.

Saludos.

Ichiara dijo...

La situación cambiará si nace. Entonces serán Ilona y su bebé a salto de mata. No se le pueden poner rejas al campo.

Saludos

Agustin dijo...

Makiavelo: tú los has de conocer bien porque en España también hay muchos, ¿verdad?

Agustin dijo...

Sí, Iasbel. Parecerá que sólo será un cuantitativo, no cualitativo. No sé si alegrarme por ellos. Aunque tal vez el embarazo de Ilona dure más que su vida. O por lo menos tanto como ésta. Dará a luz su propio fantasma.

Makiavelo dijo...

Agustín, este país es una mina, hay de todo. Respecto a nuestros amigos te diré que vienen de todos lados, los de Portugal campan a sus anchas y por no nombrar a la ciudad comentar que se han instalado junto a las tapias del cementerio. Todo un detalle por parte de ellos.

Saludos.

Agustin dijo...

Me gustaría ir un día por allá, Makiavelo, y ver todas esas cosas.

Makiavelo dijo...

Pues nada Agustín cuando quieras te das una vuelta y te enseño el barrio. Tengo un amigo en Tokyo que vino expresamente a España para ver estas cosas.

Saludos.

Agustin dijo...

Gracias, Makiavelo. Algún día será posible.

Luis Amador dijo...

Hola Agustín... tantos años sin vernos!... sucede que desde niño he conocido gitanos y aún me acuerdo el día que llegaron al terregoso campo de futbol de mi pueblo, en donde en algún momento pusieron a asar un lechón a fuego lento... por unas sabritas un gitanillo me leyó la suerte, "te casarás con una mujer bonita que te desconfiará" las únicas palabras que recuerdo de su predicción.. luego, en tonantzintla, 12 años después, me encontré con otra gitana que se ganaba la vida haciendo cualquier cosa, del otro lado de una sábana mugrienta, colgada a medio cuarto, se escuchaba el llanto de un bebé... un día que estaba muy deprimido fui a buscarla y no pude acercarme porque estaba ocupada con uno de sus amantes, un policía de caminos,,, regresé a cholula caminando mientras llovía y llovía y llovía, jamás volví a regresar... hablas de ilona y mira que la veo frente a mí... gracias por despertar esta avalancha de cosas, agustín... te mando un abrazo!

Agustin dijo...

Luis, querido amigo: Cuántos años sin saber de ti. Y qué bonita historia la que compartes. Escríbeme para ver si nos encontramos en algún lugar: fragata_umbrosa@yahoo.com