viernes, marzo 23, 2007

La ex alumna




Cómo decirle —aún ahora— que hablaba para ella,
que la clase, todas las clases
no eran más que para ella.
Cuando sus pasos entraban se cerraba la puerta.

Cómo decirle —aún después de estos años—
que cuando ella faltaba, el salón estaba vacío.
Las palabras se perdían en el aire
y eran como insectos que volaran ciegos
en busca de una llama inexistente.
Torpes, locos, se estrellaban en los muros,
en los cristales de las ventanas,
hasta explotar de silencio.

En realidad, nunca decía yo nada;
todo se quedó dentro.
Le hubiera preguntado tal vez por sus proyectos,
dónde vivía, qué hacían sus padres.

Cuántos diálogos imaginados, soñados tan sólo.
Es que su edad la hacía de otro espacio.
Y andaba de novia. No era posible.
¿Con qué derecho perturbarlos?
Ella nunca lo sabría.
De cualquier manera
—era mejor pensar así—,
no hubiera sido posible.

6 comentarios:

Apostillas literarias dijo...

La historia dentro del poema es la historia de un recuerdo inolvidable. Hay una novela de García Ponce que se llama El libro, precisamente están involucrados un maestro y una alumna, es una estupenda obra en la que se percibe los ecos de Musil.

También hay alumnas que se 'enamoran' de los maestros. Hermosos recuerdos y poema.

ilana dijo...

También hay un cuento de Esther Seligson, "Requiem" (perdona que me olvido de la colección, posiblemente Morada en el tiempo) que trata este mismo tema, que me gustó mucho, por cierto. Tal vez, me imagino, porque yo siempre he sido esa alumna además de la escritora que escribe sólo por un par de ojos maestros.

Anónimo dijo...

¿Seré yo, maestro?

Agustin dijo...

Probablemente sí sea usted. Cada semestre es una alumna distinta. Y llevo quince años dando clases. Haga las cuentas. Considere además que hubo una época en que trabajaba en dos universidades y dos institutos al mismo tiempo. No es cierto. Lo que pasa es que su nota me hizo reír y quería encontrarle una respuesta divertida.

ana dijo...

No te perdono la cobardìa.
No te perdono puès yo tambièn sufrì por un cobarde.Y me lo hiciste recordar ,malvado ,con el cuento de tu profesor de poesía ,aunque el mìo recitara el Código Civil.

Agustin dijo...

Yo ya me la he perdonado, Ana.