sábado, junio 08, 2019

El Tiempo Perdido

Escenario de La Casa de los Tres Perros. Aparece también en Operación Snake, La sed de la mariposa y El Príncipe de los Tejados.

 

Las calles de los vagos

Escenario de La sed de la mariposa


El Parque de la Melancolía

Escenario de Alas de gigante y La sed de la mariposa


La iglesia de Nelson Salamano

Escenario de La sed de la mariposa

 

El bosque de las ruinas

Escenario de Alas de gigante


El barrio de Orly

Escenario de La sed de la mariposa

 

La casa de Damiana

Escenario de La sed de la mariposa

 

El Hogar

Escenario de Fieras adentro


Cine Apolo

 Escenario de La sed de la mariposa

 

El cementerio de la ciudad

Escenario de Fieras adentro

 

La calle del profesor Merick

Escenario de La sed de la mariposa

 

Barrio de Corinto

Escenario de Operación Snake.

 

Bagdad

Escenario de La sed de la mariposa

 

Dana Elizondo entrevista a Agustín Cadena


Trailer de Las tentaciones de la dicha


Desde Argentina, esta brevísima reseña de mi libro Operación Snake


viernes, junio 07, 2019

Norma Muñoz Ledo. Polvo de estrellas



Polvo de estrellas, de Norma Muñoz Ledo, es una obra para “jóvenes lectores”, y lo pongo entre comillas porque, como todas las buenas obras de este subgénero, puede ser disfrutada por personas de cualquier edad. De hecho, entreveradas en una historia que retrata muy bien a los adolescentes de hoy en día —los que nacieron en la década de los noventa— hay abundantes referencias a la cultura de los años sesenta, setenta y ochenta.
         Polvo de estrellas es una novela que podría ubicarse en lo que la crítica literaria llama bildungsroman: historias de formación, que dan cuenta del pasaje —casi siempre doloroso— de la inocencia a la experiencia. La trama es sencilla: Paola acaba de entrar a la secundaria, llena de expectativas e ideas preconcebidas sobre lo que será su vida en adelante. Coincide esto con una crisis familiar: su tía, que era su mejor amiga, debe alejarse de ella porque a su madre no le parece una buena influencia. La madre, por su parte, queda embarazada de su tercer hijo justo cuando tenía otros planes. A estos personajes se agregan las amigas confidentes, el niño guapo, el joven revolucionario, los maestros represivos y los maestros libertarios. Al final de una serie de intrigas que pondrán al descubierto la corrupción de algunos personajes y la voracidad del capital, Paola descubre el verdadero sentido de la honestidad, la lealtad y el valor de luchar por lo que se cree justo. Resumida así, la historia se antoja tal vez común. Pero más allá de ésta, lo que hace  de Polvo de estrellas una obra brillante dentro de la literatura “juvenil” es la manera como está contada. Los personajes se sienten muy vivos y, aunque hay malos y buenos, cada uno presenta matices que lo sacan del cliché. Los capítulos se encuentran ensamblados de tal manera que no se pierde el interés del lector por lo que va a pasar, lo cual la hace una novela ágil, imposible de soltar una vez empezada. Pero lo que más gratamente me impresionó es el sentido del humor y la calidez humana con que la narración va siguiendo a los personajes —especialmente a Paola— en su aprendizaje de la vida. Además, es una de esas raras obras que, sin predicar, sin sermonear, pueden contribuir a la educación moral de los adolescentes

Norma Muñoz Ledo. El gran mago Sirasfi.




La historia que Norma Muñoz Ledo desarrolla en El gran mago Sirasfi parece muy sencilla. Todo sucede en el barrio de Mixcoac, México, entre 1931 y 1932. Un día cae una tormenta, el río crece y corre revuelto y, gracias a eso, Daniel, el protagonista, descubre entre el lodo una gema roja. Sin embargo, otro niño también la ve y se la quita. El resto de la historia cuenta cómo Daniel, después de una serie de aventuras que nos hacen revivir los días del viejo Mixcoac, conoce un mago de circo que luego resulta ser un mago de verdad y, con su ayuda, recupera la piedra.
         Aunque, contado así, el libro parece simple, apenas nos adentramos en él resulta que trasciende con mucho los hábitos de la literatura comercial para niños. Ciertamente, El gran mago Sirasfi es una novela de iniciación; es decir, el registro de un proceso iniciático arquetípico en el cual un niño palpa sus límites y sus recursos y se convierte en otro. En efecto, el secreto encerrado en la piedra roja tiene que ver con el poder humano y con el destino mismo, entendido éste en su sentido más profundo.
Norma Muñoz Ledo se interna en tales indagaciones con un estilo vívido y un ritmo narrativo muy terso que hacen enormemente disfrutable la lectura de su libro.

Norma Muñoz Ledo. El gran mago Sirasfi. México, Ediciones SM/ Conaculta, 1999. (El barco de vapor)

jueves, mayo 30, 2019

La voz


Hace más de treinta años, en esa época en que era muy de poetas obsesionarse con las mujeres, me pasó algo curioso. Una noche, ya como a las 11, bajé al teléfono público que estaba en una esquina de mi calle y marqué el número de mi obsesión. Era una noche oscura, y las calles del centro de la Ciudad de México, en esa época dichosa de antes de la gentrificación, lucían solitarias. Lloviznaba. Era la atmósfera perfecta para que ocurriera algo misterioso. Y ocurrió. Marqué mal el número de la amada, con mis nervios. Me respondió una grabadora que inició con los primeros segundos de una pieza de Chet Baker. Enseguida, una aterciopelada voz femenina: “Si te has atrevido a despertar un sueño con tu llamada, no lo dejes morir con tu silencio”. Y luego vino el tono para dejar mensaje. No dejé nada, pero estaba tan fascinado que ya ni me acordaba de la otra. Quería volver a llamar y volver a oír esa voz, pero no fui capaz de repetir el error de dedo al primer intento.
         Debo hacer un paréntesis para decir que en esa época la gente ponía mucha creatividad en sus grabaciones de la contestadora. Muchas eran geniales. Pero ninguna me había volado como ésta.
         El hecho es que, luego de varias combinaciones numéricas, la persistencia me dio el mismo regalo que antes me dieran el azar y los nervios: volví a oír la voz. Y, como llevaba en el bolsillo otras dos monedas, volví a oírla dos veces más, sin dejar nunca un mensaje. La voz me tuvo fantaseando hasta la madrugada.
         La luz de la mañana me hizo bajarme de mi nube. Okey, era un mensaje poético, sugestivo, misterioso, en una voz seductora. ¿Y? ¿Qué iba yo a hacer con eso? Podía dejar una respuesta tonta, máximo ingeniosa, ¿y? No tenía yo teléfono para que me devolvieran la llamada. ¿Creía que esa belleza –no podía imaginar a la dueña de la voz más que como una belleza– iba a contestarme finalmente y a invitarme un café en la sala de su casa oyendo a Chet Baker?
         No volví a llamarla ese día. Ni al siguiente ni al siguiente. Pero el embrujo estaba hecho: acabé por ceder a él. Me contestó el mismo mensaje. Dejé correr un poco la cinta de la grabadora y colgué. Era de noche como la otra vez. Y a la noche siguiente lo hice de nuevo. A la cuarta o quinta cambió el texto: “El silencio es piedad. No la quiero. Mátame con tus palabras.” Me fui a dormir satisfecho, enamorado. Luego de una semana volvió a cambiar la grabación: “Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino.” Ahora sí me animé y dejé un mensaje: “El más tembloroso, el más insoportable.”
         Durante casi dos meses mantuvimos el intercambio en este tono. No me atrevía a dar el segundo paso –dejar mi nombre, preguntar el suyo–, mucho menos el tercero –pedir una cita–. Tenía miedo, no sé de qué. ¿De enamorarme de verdad? ¿De desilusionarme? Tal vez ella tenía las mismas dudas. Tal vez, simplemente, no pensaba nada, sólo jugaba.
         Una noche no hubo poesía en la contestadora. Ni siquiera hubo contestadora. Volví a intentar muchas veces más, muchos días más. Luego, una noche, respondió una voz femenina pero vulgar: “Casa de la familia Rendón”.