miércoles, septiembre 05, 2012

El pintor de la vida privada

¿Quién hay que, teniendo un sentido novelesco de la vida, no sea chismoso? Ejercicio lúdico de las potencias de la imaginación y el discurso, el chisme es el más humilde de los géneros narrativos, puesto que no aspira a la trascendencia —siempre azarosa— del papel escrito; florece en la evanescencia de la palabra y se alimenta con la brevedad de la vida. El chisme es una especie de disciplina zen: se basa en una negación del propio yo, que se vuelve transparente y deja de ser un fin para convertirse en medio de circulación de lo real: a través de él, la vida de unos se incorpora al material imaginativo de otros. Así que el chismoso cultiva la virtud de la humildad: se olvida de sí mismo para hablar de su prójimo.

            Gracias a él, la absurda existencia humana adquiere coherencia narrativa, y las nociones de Justicia Universal, castigo divino, destino, karma y error trágico, cobran un sentido pleno. Ciertamente, es un novelista nato; como tal, tiene un fino sentido del claroscuro. En su versión de las cosas, el malo es más malo; el tonto, más tonto; la fea, más fea. Es un experto en construcción de personajes.

            El chismoso es el cronista de las élites; andar en boca suya es ya una rúbrica de pertenencia al petit comité: hemos hecho algo digno. Ser nombrados por él es aparecer en las páginas de sociales de un diario verbal.   

            El chisme es también uno de los géneros dramáticos. El buen chismoso es siempre un buen histrión; no sólo refiere situaciones: las recrea. Hace gestos, remeda, altera la voz; gracias a las caracterizaciones que hace de su prójimo, muchos seres opacos adquieren personalidad; incontables hechos anodinos se convierten en anécdotas memorables.

            El chismoso es un optimista irreductible; aguanta desengaño tras desengaño sin perder la fe en la discreción de los otros y en su palabra (“pero prométeme que no le vas a decir a nadie”). Y los otros le fallan, lo traicionan, lo meten en problemas. Pero él sigue adelante, invencible, oponiendo la aristocracia espiritual del esteta a las vilezas del estado llano. ¿Acaso Miguel Ángel dejó de pintar sólo porque alguna vez tuvo un problema? Además de constante, el chismoso es noble de corazón: siempre vuelve a contarnos cosas aunque le hayamos demostrado que no merecemos su confianza.

            Es un memorioso: a base de práctica y disciplina, su sensibilidad para los detalles lo convierte en una cámara de cine. Recuerda colores, tamaños, aromas, giros coloquiales. Por eso, en su fantasía favorita, el chismoso tiene un cuerpo ocelado. Sus santos patronos son Argos y Funes.

            Ahora bien, hay buenos chismosos y hay quienes cuentan los chismes con las patas. Al buen chismoso se le cata en los preliminares. Hay una gran diferencia de estilo, pasión expresiva y sutileza entre el escandaloso “De qué creen que me acabo de enterar...” de algunas urracas, y el elegante “Por cierto, tengo entendido que...” Entre estos dos extremos se ubica una amplia gama de aprendices, oficiales y maestros de todos los niveles. Y todos se delatan ya en los preliminares. Los preliminares desenmascaran al cobarde: “No le vayas a decir que yo te dije”; al que es como el conejo: misterioso y “tengo algo que contarte, pero no te lo voy a decir hasta que salgamos”; al que se pretende seductor como la serpiente del Paraíso: “¿Te gussstaría ssssaber...?”; al borracho que utiliza la inspiración chísmica para agarrar acompañante: “Vamos a tomarnos una mientras te cuento...” En fin, estos son, digamos, los que ya tienen su fórmula. Hay otros con menos sentido de lo ritual, que adaptan sus preliminares al interlocutor o al objetivo último de su chisme. Éstos suelen ser menos creativos; entre ellos se hallan el oportunista que espera obtener ventajas de sus chismes; el higadito que nos cuenta las cosas por nuestro propio bien; el vulgar intrigante que ha convertido a las musas del chisme en lacayas de la Discordia; el inocentón a quien los demás utilizan de correo porque ya saben cómo es de chismoso.

            Si el lector de estas notas es de los que saben apreciar y andan en busca de un buen chisme, lo que se dice un chisme de tres oídos (aquellos tan buenos que uno quisiera tener tres oídos para no perderse un detalle), le sugiero llenar este cuestionario cada vez que reciba una visita. El texto fue diseñado originalmente para evaluar el talento de vecinos y amigos, pero también puede usted utilizarlo a fin de abrir el camino hacia el perfeccionamiento de sus habilidades.
 

Nombre del chismoso?____________________________________
Asunto que le trajo_______________________________________
Fecha_________________________________________________
Fase de la luna1_________________________________________

 
a) Preliminares. Si supo despertar nuestro interés, crear expectación en el sentido de lo que iba a decir y luego, justo en el momento oportuno, dio inicio al relato, póngale 10 puntos.

 
b) Competencia narrativa. Si tuvo buen nivel de organización interna y supo ligar los acontecimientos de modo que la línea de tensión fuese en aumento hasta llegar al clímax, dele otros 10 puntos.

 
c) Competencia histriónica. Si supo darle vida a su relato y comunicarnos, a través de gestos y de las modulaciones de su voz, la ilusión de estar viendo los hechos, merece 10 puntos más.

 
d) Objetividad. Si ha superado esa molesta costumbre —tan común en quienes cuentan los chismes con las patas— de dirigir nuestra recepción de los hechos con juicios morales o comentarios profundos, dele otros 10 puntos. Recuerde, sin embargo, que los juicios estéticos o de cualquier índole igualmente frívola (“Se veía fatal la pobrecita”) sí están permitidos, ya que pueden salpimentar el relato, proponiéndose como la dimensión descriptiva del inciso b).

 
e) Final. El buen chismoso termina su relato antes de aburrirnos. Desde luego, siempre queda algo por decir, algún detalle. Pero el mago experto sabe dejar algo en su sombrero. Hacerlo así es un acto de cortesía para con el público, que no tendrá la impresión de hallarse ante un desocupado que chismea a falta de otra actividad, ni ante un alcohólico que ya sólo busca desvelarnos para que lo acompañemos. Dele 10 puntos más al que sepa darle a su relato un final oportuno. Si se encuentra ante uno de esos talentos inagotables que sacan historia tras historia, dele la misma puntuación si se da cuenta de que ya está usted hasta el copete de chismes (también de eso llega uno a hartarse).
 

Si alguna de sus amistades ha pasado de los cuarenta puntos, felicítela y tenga siempre abiertas para ella las puertas de su casa. Cancele cualquier salida, programa de televisión, trabajo pendiente o quehacer doméstico, y espérela con un buen café o una botella de whisky. Pasará una tarde encantadora.



     1 Esto es muy importante porque los buenos chismosos suelen ser sensibles a los ciclos lunares. En el caso de las mujeres, su creatividad para el chisme aumenta con la ovulación.